LA INICIACIÓN DEPORTIVA (en el fútbol)

La iniciación deportiva es el proceso de enseñanza-aprendizaje, seguido por un individuo, para la adquisición del conocimiento y la capacidad de ejecución práctica de un deporte, desde que toma contacto con el mismo, hasta que es capaz de jugarlo o practicarlo con adecuación a su estructuración funcional”.
(Hernández Moreno, 1988).


La iniciación deportiva en cualquier deporte, resulta de especial atención por parte de todos los profesionales que desde cualquier ámbito trabaja con niños, dado que su escaso nivel de maduración, de desarrollo evolutivo y de personalidad, pueden acarrear problemas futuros debido a una mala praxis. Analizando la definición mencionada, es importante recalcar que es un proceso de adquisición de conocimiento y práctica, por lo que debemos establecer las pautas metodológicas adecuadas, pensando en el medio y largo plazo, para conseguir el desarrollo armónico de los niños sin crear en ellos frustraciones y fracasos que le aparten de la práctica deportiva.

Para ello, como técnicos deportivos bien formados, debemos estructurar y planificar secuencialmente los elementos técnicos, tácticos, físicos y psicológicos aptos al nivel madurativo y físico de los niños para que el desarrollo deportivo y humano sea coherente. Tal y como apunta Álvarez del Villar (1987): "la iniciación en cualquier deporte debe buscar una variada formación de base sobre la cual poder fundamentar un rendimiento máximo posterior".

Son 3 los aspectos fundamentales que influyen decisivamente en la iniciación deportiva: el sujeto, en base a su personalidad, nivel madurativo y biológico; el contexto que le envuelve, tales como entorno, residencia, educación,…; y las características propias del deporte, desde su complejidad a su requerimientos psicomotrices. 

Hernández et al. (2000, pp. 15)

Como técnicos deportivos, debemos valorar todos estos aspectos a la hora de desarrollar nuestro trabajo con cada uno de nuestros niños, porque a cada uno, hay que darle lo que necesita en función de estos elementos, pues hay veces, que no hay mayor injusticia, que tratar y exigir a todos por igual. Así que, más que igualdad, hay que fomentar la equidad, y darle a cada uno lo que necesita.




Ahora bien; ¿qué orientación deportiva debe tener dicho deporte?

De todos es sabido, especialmente en el ámbito del fútbol, que poner en competición a niños que están todavía en fase de crecimiento cognitivo, físico y emocional, supone un riesgo en cuanto al desarrollo de conductas y modelos que para nada le son beneficiosos. Es por eso, que dentro de nuestro trabajo como técnicos deportivos debemos dotar a nuestra escuela, equipo, jugadores y padres, de un concepto deportivo que vaya más allá de lo competitivo. Muchas son las voces críticas que se alzan contra la participación en ligas de chavales en edad de formación a los que se les premia por ganar más que por mejorar, que se les aplaude más por marcar goles, que por ser buen compañero, que se les ensalza más por ser un futuro Messi, que por respetar las normas de comportamiento básico de un colectivo...

De ahí, la necesidad de plantearse nuestro modelo educativo-deportivo en base a una perspectiva mucho más formadora y lúdica que competitiva. Actualmente, podemos diferenciar varias formas de entender el deporte en función de las intenciones u objetivos que tenga la institución, los maestros, los técnicos deportivos, los propios usuarios, padres, etc.; pueden ser:

El deporte recreativo: aquel que “es practicado por placer y diversión, sin ninguna intención de competir o superar un adversario, únicamente por disfrute o goce”.

El deporte competitivo: “es aquel que se practica con la intención de vencer a un adversario o de superarse así mismo”.

El deporte educativo: “es aquel que pretende fundamentalmente colaborar en el desarrollo armónico y potenciar los valores del individuo”.

El deporte como hábitos de salud: aquel que fomenta hábitos saludables en los niños.

Y digo yo:
¿no debería una escuela deportiva, más allá de tener a sus equipos de inicicación federados, darle un enfoque mucho más recreativo, educativo y saludable a su proceso de enseñanza? 
¿No se deberían crear programas pedagógicos en las escuelas de fútbol donde la filosofía principal de la misma fuese el desarrollo armónico de los niños y no el resultado? 
¿No deberían valer más las buenas conductas que los grandes goles? 
¿No deberían priorizar y corregir el comportamiento de los padres antes que preocuparse por la recaudación de sus cuotas?
Sí, deberían; otra cosa es que quieran…o sepan hacerlo.
 

Queda claro pues, que debemos ir hacia una coexistencia de intenciones con una marcada orientación educativa, puesto que lo recreativo y lo competitivo ya son intrínsecos es sí mismo al juego, al deporte. Lo que tenemos la obligación, como técnicos deportivos, es canalizarlos adecuadamente para contribuir al desarrollo armónico de los niños, a crear contextos de sociabilidad que mejoren la relación entre todos los miembros de cualquier ámbito deportivo, y a exigir una adecuada formación en los profesionales de dicho ámbito, no sólo de los entrenadores, sino también de los gestores, que son el gran problema de muchos de los males de las escuelas de fútbol en la actualidad. Pero eso sería un tema para analizar en otro artículo.

Todo lo expuesto, lo podíamos resumir con las palabras de Feu, J. (2000), según el cual, algunas de las características que puede y debe tener un deporte para contribuir a la educación y formación de los sujetos que se inician son:

- Fomenta la autonomía personal.

- No discrimina y participan todos.

- Ofrece diversión y placer en la práctica.

- Utiliza una competición enfocada al proceso.

- Favorece la comunicación, expresión y creatividad.

- Establece hábitos saludables de práctica deportiva.

- Enseña a valorar y respetar las propias capacidades y las de los demás.

- Mejora la condición física y las habilidades motrices básicas y específicas.

- Permite la reflexión y la toma de decisiones.


De ahí la necesidad, de contar con buenos profesionales, especialmente en estas primeras etapas deportivas, dado el modelo y el ejemplo que ejercemos en los niños con los que trabajamos en las escuelas deportivas. Así pues, os dejo un fragmento de un poema de Teresa de Calcuta, que quizás ilustre adecuadamente la que debería ser nuestra filosofía de trabajo en las primeras etapas formativas de los niños, y que va a perdurar en su mente, nos guste o no, prácticamente toda su vida. 

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo

enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño,

enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

Sin embargo, en cada vuelo,

en cada vida, en cada sueño,

perdurará siempre la huella

del camino enseñado.


BIBLIOGRAFÍA
Álvarez del Villar, C. (1987). La preparación física del fútbol basada en el atletismo. GYMNOS. Madrid.

Feu, G. (2000). Las actividades extraescolares en la escuela primaria. Una propuesta para llevar los programas de las Escuelas deportivas a los Centros Escolares. En Actas del I Congreso Nacional de Deporte en edad escolar, pp. 323 -335. Dos Hermanas, Sevilla.

Hernández, J., Castro, U., Cruz, H. Gil, G., Guerra, G., Quiroga, M., et al. (2000). La iniciación a los deportes desde su estructura y dinámica. Barcelona: Inde.

HERNANDEZ MORENO, J.(1988) BALONCESTO: Iniciación y entrenamiento. Paidotribo. Barcelona.






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